07 marzo 2020

Los puentes de Manzanal del Barco

Inaugurado en noviembre de 2007, el nuevo puente de Manzanal del Barco ha dejado en desuso al viejo y estrecho puente erigido durante la construcción del embalse del Esla, que a su vez ha sido cerrado al tráfico rodado de manera indefinida desde marzo de 2017 tras la aparición de deficiencias estructurales. Hasta ese momento y desde la inauguración de su sucesor, se dedicaba principalmente al paso de vehículos agrícolas, tarea que fácilmente podrá asumir el puente nuevo, dado el escaso tráfico de la carretera ZA-P-1405 (Zamora a Mahíde por Carbajales de Alba) a la que da servicio.

Nos encontramos en el límite entre las comarcas zamoranas de Campo de Aliste y Tierra del Pan, límite marcado por el río Esla y unido por los puentes que vamos a conocer en este post. Tierra de baja densidad demográfica, necesita de infraestructuras modernas como esta que faciliten la vida de los residentes en esta España vacía de la que tanto se habla en estos tiempos.


El embalse del Esla comenzó su construcción en 1929 y su presa, ubicada entre las localidades zamoranas de Muelas del Pan y Ricobayo, fue finalizada en 1935. Como en tantos otros casos, conllevó la realización de múltiples obras secundarias destinadas a reconectar comarcas y localidades cuyas vías de comunicación iban a ser engullidas por las aguas. Lo vimos recientemente en la zona de Barrios de Luna y aquí no iba a ser menos, salvando las distancias por ser un entorno con menos núcleos de población. También ocurrió en Ricobayo, localidad que da nombre a la presa y cuya nueva carretera discurrió por su coronación para ser sustituida décadas más tarde por una nueva variante que evita el tráfico por el revirado trazado entre Muelas y Ricobayo. No obstante, nos vamos a centrar hoy en el puente construido a mediados de la década de los 30 del siglo pasado, puente que atraviesa momentos de incertidumbre. Si bien no es una obra tan peculiar como su vecino cercano, el puente de Requejo, merecería también una restauración y quizá su inclusión en una vía verde que atrajese turismo a esta comarca.

La coexistencia de ambos puentes es una situación poco habitual, en la que el viejo puente sigue en pie y discurre paralelo al nuevo. Lo habitual suele ser que la construcción de la nueva infraestructura haga desaparecer a la que sustituye, en aras de una restitución paisajística cada vez más en boga. No contento con eso, existe un tercer puente, realizado en piedra y que yace en el lecho del embalse, abandonado desde la inundación forzada de las vegas del río Esla. Emerge rara vez, en periodos de sequía extrema o vaciados de mantenimiento del embalse. Veámoslo al detalle como siempre, con la ayuda de la inestimable fototeca digital del Instituto Geográfico Nacional y sus vuelos aéreos. Empezamos por los de los los años 1945-1946, en los cuáles podemos ver aún el puente original, predecesor de los que nos ocupan hoy. El nivel del embalse se ve bastante bajo, quizá por encontrarse aún en tareas de llenado o simplemente por estiaje.

Fuente: Instituto Geográfico Nacional.

El zoom nos permite ver la infraestructura original y el reflejo de su sucesora. Se ha excavado una trinchera en el acceso este para encajar la nueva carretera.

Fuente: Instituto Geográfico Nacional.

Adelantamos en el tiempo a los vuelos 1973-1986, donde vemos un embalse al máximo, tanto que el agua casi parece tocar la carretera.

Fuente: Instituto Geográfico Nacional.

Las siguientes fotografías, extraídas del IGN y de Google Maps respectivamente, muestran el estado actual del lugar.

Fuente: Instituto Geográfico Nacional.

Fuente: Google Maps.

Dejamos ya la carretera por la que hemos venido desde Zamora para encaminarnos al acceso al viejo puente. En la actualidad se accede a él por una bifurcación al norte de la actual ZA-P-1405, pero como podemos ver en las fotografías aéreas, este acceso es relativamente moderno, ya que hasta la construcción del viaducto actual, era un pequeño tramo de pista forestal sin asfaltar.



Control de gálibo...


...y aparecen ante nosotros los dos viaductos. El nivel del embalse es relativamente alto.



Encontramos las primeras limitaciones de acceso. Toca dejar el coche aparcado.


Sorprende la estrechez del puente viejo. Era otra época y otra intensidad de tráfico muy diferente a la actual, pero ya por entonces el vehículo a motor había llegado para quedarse y crecer de forma exponencial.


Los dos estribos del lado este.


Refuerzos en el estribo del puente viejo...


...y alusiones al propietario del embalse.




Esta señal no procede, el puente sí tiene salida al otro lado, quizá correspondería una señal de prohibición de circulación, dado el impedimento legal de atravesarlo con un vehículo.



Las carencias en seguridad son evidentes, no quiero pensar en qué ocurriría en caso de impactar contra las vallas de tubo y alambrada... Afortunadamente, revisando las hemerotecas parece que poco ha pasado en este puente para lo que podía haber ocurrido en tantos años de uso por toda clase de vehículos.



Diferentes capas de asfaltado...


Captafaros para aumentar la precaria seguridad de la infraestructura.


La estrechez del puente obligó a construir tres apartaderos que permitiesen el paso simultáneo de dos vehículos. 



Sumideros...


Y las pilas del robusto viaducto moderno.



Hacia el otro lado, las aguas del embalse. Ante semejante masa de agua a uno le da por pensar en la cantidad de patrimonio material e inmaterial que queda oculto para siempre. Pueblos, carreteras, puentes, historia... Este tipo de obras son necesarias, pero siempre han ido acompañadas de la lógica polémica por las irreversibles consecuencias que acarrean, polémica de la que a día de hoy sigue habiendo ejemplos, como ya recordarán los lectores de este blog por otros ejemplos aquí tratados.


Continuemos el paseo...


Nos aproximamos a la orilla oeste...


...y al último de los tres apartaderos. Las juntas de dilatación están en muy mal estado. Realmente, el puente necesita un repaso a fondo.



Vista hacia atrás desde la curva que describe el puente en su lado opuesto.





Orilla oeste, en dirección a Manzanal del Barco. Por aquí debió bajar la carretera que accedía al puente primitivo y sepultado bajo las aguas.


Llegamos al otro extremo, que también se encuentra cortado.





Esto es lo que queda de la carretera perteneciente al puente de los años 30. La recorremos hasta su empalme con la actual ZA-P-1405.




Bajamos ahora por donde se supone que debió estar la carretera primitiva, la que se encaminaba al puente de piedra. Desgraciadamente, no podremos visitarlo...


...pero si los estribos de su sucesor...


...que también disponen de refuerzos metálicos.






Las pilas del puente de 1930...


...y las del de 2007.



Vista general desde la orilla oeste.


Terminamos aquí la visita a esta zona, tan interesante por la historia de sus vías de comunicación, y tan común a otras qué, repartidas a lo largo y ancho del país, corrieron la misma suerte cuando el progreso y las grandes infraestructuras hidráulicas modificaron sustancialmente su fisonomía. Queda pendiente mucho más, de entrada, visitar el puente sumergido cuando se den las condiciones necesarias. Por otra parte, y esto sirve como apunte para los amantes del ferrocarril, el cercano viaducto de Martín Gil, magnífica obra de ingeniería del siglo pasado, descubierta por el que aquí escribe durante los trabajos de documentación para la realización de este reportaje. El ferrocarril es otro gran mundo con el que me siento hermanado, y que también ha legado un inmenso patrimonio en nuestra geografía en forma de vías, estaciones, túneles o puentes. 


Y por si fuera poco, de vuelta a casa me encuentro con la siguiente señal, relativa a cierta antigua carretera de Carbajales. Tantas cosas para ver y explorar...

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