16 febrero 2019

N-232a, el ramal alternativo de la N-232

No es la primera vez, ni tampoco será la última, que en este blog hablemos de la N-232, de Vinarós a Santander. En su momento recorrimos la zona cercana a Oña, en esta ocasión nos centraremos en un ramal alternativo de esta carretera entre las cercanías de Haro, la "capital del (vino de) Rioja" y Logroño, la capital de La Rioja. Este ramal, denominado hoy en su mayoría como A-124, discurre unos pocos kilómetros al norte del trazado principal. Da servicio y conecta localidades importantes como Labastida o la turística Laguardia, goza de tráfico más tranquilo que el de la moderna y actualizada N-232 y se beneficia de un recorrido más pintoresco, que alcanza el máximo en época estival, con los viñedos en todo su esplendor. En el siguiente mapa, original de la "Gran guía ilustrada del viajero por España y Portugal"de 1992, podemos ver ambos trazados.


Comenzamos el viaje en sentido Haro a Logroño, y ya en el enlace con la N-124, de Gimileo (LR) a Armiñón (A), encontramos este túmulo de piedra. Está en el mismísimo límite provincial entre La Rioja y Álava, por lo que entiendo que tendrá relación con ello. Antiguamente, previo a la estandarización de estos elementos de carretera, tanto estos como hitos u otros podían ser de variopintos estilos.


La N-124 y la población de Haro a lo lejos.


Tras unos cientos de metros por la A-124/N-232a atravesamos el casco urbano de Briñas, dejamos La Rioja y volvemos a adentrarnos en tierras de Álava, que casi no abandonaremos hasta llegar a Logroño.


En adelante la carretera se alejará o acercará al Ebro de manera intermitente.


Primera parada en Labastida, donde nos espera este bien conservado hito, de un tipo exclusivamente alavés, y que ha sido pintado en color naranja debido al carácter de primer órden de la carretera autonómica A-124.




Esta señal, a escasos metros del hito, también tiene sus años.


Continuamos y cerca de San Vicente de la Sonsierra encontramos el primer tramo abandonado de cierta entidad. Se trata de un par de horquillas que han sido sustituidas por un trazado totalmente recto. En la siguiente foto vemos que está cortado con unas barreras de hormigón por seguridad, ya que la actual carretera está varios metros más abajo. Por ahí hubiésemos accedido a este tramo en caso de haber continuado abierto al tráfico.


La primera curva es muy cerrada y a izquierda, al fondo vemos el trazado actual.


Lo cruzamos y hacemos el tramo del otro lado. En la siguiente curva, algo menos cerrada y a derecha, hay una nave y algunas vivienda, por lo que me abstengo de hacer fotografías en ese lugar. No es lo mismo hacer fotografías en cascos urbanos que junto a viviendas aisladas, así que prefiero no levantar suspicacias en los residentes.


Aún queda algo de señalización vial.


Llegamos al final...


...y a la derecha vemos el trazado actual. Al fondo queda la ya comentada curva cerrada a izquierda.


Continuamos y un poco antes de Ábalos encontramos el "Chozo de Larad", construcción típica de esta zona y que servía como refugio para los viticultores. Son numerosos los ejemplos de este tipo de chozos, en esta zona de la Rioja alavesa y Rioja baja, y casi en exclusividad.


Se encuentra en un pequeño tramo abandonado.


El siguiente pueblo en la ruta es Ábalos, nos detenemos para fotografiar estas señales...



...y este... ¿leguario? 

Es prácticamente ilegible. En el sombrerete aparece una fecha, 22 de agosto de 1918 quizá. El texto de la parte inferior, salvo algunas letras sueltas, no lo pude descifrar ni siquiera en vivo. (Nota: Tal y como me aclaró Manu N-634, podría ser una lápida o recordatorio sobre algún accidente, en la parte inferior se puede leer "a los 6 años de edad")


Continuamos otro par de kilómetros y nos detenemos en esta curva rectificada a modo de mirador.


El paisaje de viñedos es fascinante, pero hay que reconocer que en enero apenas ofrece una mínima parte de su atractivo.


Avanzamos algo más y al poco de pasar Samaniego encontramos el dolmen de El Sotillo. Para acceder a él hay que abandonar la variante de carretera actual y tomar la antigua, cuya falta de conservación está reñida con la necesidad de mantenerla abierta como acceso al yacimiento. Tomamos pues el desvío, que se encuentra en la parte final del tramo abandonado y volvemos en dirección a Haro para llegar hasta el dolmen.







Llegamos ya al monumento.



El dolmen de El Sotillo procede de el Neolítico, en su interior se encontró abundante material funerario, de hecho se estima que se llegaron a inhumar allí a más de una decena de personas.

La carretera vieja continúa unos 300 metros más, vamos a recorrerla.



La señal informativa del dolmen aún permanece ahí...



...aunque desde ahí ya nadie llega al dolmen.


Volvemos a la A-124 y hacemos la última parada. La noche cae y Laguardia nos acoge desde su promontorio. La sierra de Cantabria y las Bodegas Ysios, espectacular obra de Santiago Calatrava, dominan el paisaje.


Laguardia tiene multitud de atractivos para el visitante, desde el vitivinícola, más que evidente en toda la zona, hasta el prehistórico, con el poblado berón de La Hoya, pasando por el rico patrimonio medieval de sus murallas o iglesias. A destacar el curioso reloj de la plaza mayor, ubicado en la fachada del ayuntamiento y en el que a ciertas horas del día salen unos muñecos metálicos de su interior, danzando como en un pasacalles.



Laguardia también alberga gratos recuerdos para el escritor de este post, recuerdos de épocas pasadas y también más presentes, buenos momentos asociados a esta bella localidad.