19 enero 2023

N-II: El puerto abandonado de Morata

Recorrer la vieja Nacional II por sus tramos aún abiertos es una experiencia de lo más atrayente, dada la calma del lugar y la inexistencia de tráfico. Hay zonas concretas, como las que pisan el este soriano y el sudoeste zaragozano, que rayan el súmmum carretero. Bellos paisajes, trazados revirados y un regusto antiguo como en pocos sitios de carretera encontramos ya. Mi recomendación para el viajero que venga desde Madrid es abandonar la A-2 en la salida 204 a la altura de Contamina, continuar por Alhama de Aragón, Bubierca, Ateca, Terrer, Calatayud y finalmente El Frasno, donde nos espera el protagonista de este reportaje. No es esta la primera vez que en este blog tocamos la N-II (en la hemeroteca quedan reportajes como el de Fraga o La Muela), ni es tampoco la única recomendación respecto a tan importante vía, pues no en vano, fue una de las carreteras más largas del país y aún mantiene numerosos kilómetros con sabor añejo. 

Cruce entre el ferrocarril Madrid-Barcelona y la N-II en las inmediaciones de Somáen, Soria.
Fuente propia, agosto de 2013.

Como es lógico, la mejora de los vehículos y el progresivo aumento de la velocidad media ha impuesto la necesidad de que la vía vaya en consonancia con esa tendencia, lo que ha llevado a la rectificación, mejora o abandono de aquellos tramos que antes suponían un peligro para el conductor o que ralentizaban el paso del tráfico de una carretera antaño tan transitada. De aquellas mejores son numerosas las curvas que quedan hoy sin uso en ambos márgenes de la N-II. 


En alguna de ellos incluso se mantienen en pie los postes de los viejos sistemas de contención.



Existe incluso tramos de carretera que han sido posteriormente reciclados como área de descanso, y que en algunos casos aportan un toque pintoresco a la vía.



Es el caso de este que encontramos en las cercanías de Aluenda, un espacio acondicionado con bancos, mesas y una bonita fuente que porta el escudo de los Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.



Hasta hace unos años aún sobrevivían ejemplares de señalización añeja, como las de las siguientes imágenes, que tomé un lejano verano de 2014.




Hoy en día la renombrada "N-2" luce asfalto renovado y relucientes señales de nueva factura.




Que contrastan a su vez con los restos del encintado de la vieja carretera...


...y con los antiguos establecimientos destinados a dar servicio al viajero, hoy cerrados o abandonados.


Estos tramos de carretera se encuentran mantenidos y en uso con el fin de dar servicio a las localidades cercanas. No es el caso de nuestro puerto de Morata, al que llegamos tras rodar por la actual "N-2" y que nos disponemos a recorrer hasta allá donde se produzca el corte de las dos vertientes de su histórico trazado.

EL PUERTO DE MORATA EN LA HISTORIA

Las imágenes aéreas cortesía del Instituto Geográfico Nacional nos muestran el punto de partida del puerto en los años 50 del siglo pasado (en sentido Madrid-Barcelona), cuando comenzaba el ascenso desde la localidad de El Frasno. Es interesante destacar cómo por entonces esta localidad disfrutaba ya de una variante que evitaba el paso del trafico por sus angostas callejuelas, posiblemente construida entre los años 20 y 30 del siglo pasado.


Las marcadas horquillas de la vertiente nordeste del puerto son perfectamente visibles, dada la ausencia de vegetación frondosa en los alrededores.


No ocurre lo mismo en época contemporánea, donde dichas horquillas se muestran radicalmente seccionadas tras la llegada de la autovía A-2, a primeros de los 90. 


De todas maneras, este corte no es algo reciente. La construcción de la segunda variante de El Frasno, ejecutada a caballo entre el Plan de Modernización de 1950 y el Plan Redia de 1967, no solo evitó el paso por el casco urbano, también eliminó las curvas del puerto creando un nuevo trazado más suave, que limitaba las pendientes con la construcción de un túnel y que bajaba la cota máxima del puerto de 709 metros a 680.

Prensa del motor de la época, alabando las bondades del renovado paso del puerto de Morata.
Cortesía de Jose Manuel Regueiro.

Con la duplicación de trazado la calzada de doble sentido pasó a ser exclusiva para el sentido Madrid, construyéndose un nuevo túnel al este del actual para los carriles en sentido Zaragoza. En la siguiente captura queda meridianamente claro cual es el túnel antiguo (noroeste) y cual el más reciente (sudeste). Por encima de ambos, el trazado original.


De cara al reportaje, dividiremos el recorrido entre lado oeste y lado este respecto a la A-2 y caminaremos hasta toparnos con la misma, dada la imposibilidad de cruzar de un extremo a otro. A menos que uno incurra en delito contra la seguridad vial y contra su propia integridad física...

VERTIENTE OESTE, LADO MADRID

Partimos de la ya mencionada localidad de El Frasno, pero antes de comenzar el ascenso al alto del puerto, vamos a echar un vistazo a la vieja travesía, la que fue sustituida en la primera mitad del siglo XX. En la siguiente imagen, tomada desde la salida nordeste de la localidad, observamos las dos opciones de las que dispuso la carretera de Madrid a Barcelona. A la izquierda, la travesía original, encajada entre las casas. A la derecha, la despejada variante. En este punto y hasta fechas más o menos recientes, aún era visible el encintado de bordillo, a día de hoy enterrado por la capa de asfalto que se muestra en primer plano.



Hacemos una breve incursión en la primitiva travesía.


Algunos puntos gozan de mayor ancho...


...mientras que en otros la cosa se complica.


Yo mismo caí en la ratonera de la vieja travesía, al colarme por una calleja y tener que salir marcha atrás. Cosas de no conocer el lugar. Dejamos El Frasno y tomamos rumbo al puerto. A la salida de la localidad encontramos la calzada flanqueada por hileras de arbolado, lo que nos recuerda levemente a la fisonomía de las carreteras durante la primera mitad del siglo pasado. Después, las nuevas normas de seguridad vial comenzaron a recomendar su eliminación por el riesgo en caso de salida de la vía. El ancho de la calzada seguramente sea el original de la adecuación de esta carretera para el uso de automóviles, quizá en el marco del Circuito Nacional de Firmes Especiales.


Ya podría ser este bordillo el que acompañó a la vía hace décadas, pero no es el caso.


Llega un punto en que el liso asfalto deja paso al camino de tierra, afortunadamente en un estado más o menos decente.


El camino de tierra también se termina y pasa el testigo al asfalto de la vieja N-II, abandonado tal cual quedó hace décadas.



Tan es así que aún subsiste la señalización horizontal en color amarillo, abandonada en favor del blanco a primeros de la década de los 70.





Llegando al alto del puerto el asfalto se estropea y los socavones hacen acto de presencia. Aunque ya no se desplacen por aquí los viajeros del eje Madrid-Barcelona, sí lo hace la maquinaria agrícola, cuyos pesos hacen mella en la vieja carretera.




Busco la única sombra del lugar. Es mediados de junio y a estas horas el sol atiza con fuerza. Es lo que tiene elegir las horas de siesta para estos menesteres... Nada que ver, por cierto, con el clima reinante en las fechas en las que se dan los últimos retoques a este reportaje.


El lugar elegido para comenzar la exploración a pie es el alto del puerto, justo donde encontramos este peculiar cortado excavado en la roca para dejar paso a la carretera. Tímidamente, el encintado de bordillo se hace presente, no será este el único punto en que lo veamos.


El remate de las paredes es tosco y no muestra ningún elemento que limite los desprendimientos, a menos a día de hoy.


Ascendemos por el lado izquierdo, asumiendo unas dosis de innecesario riesgo con el fin de hacer la foto de rigor...


Desprendimientos hay, y desde este punto son más evidentes.



El ascenso merece la pena por las vistas que nos ofrece. Marcada curva metros antes de llegar al alto, autovía a lo lejos y coche de purgatorio invadiendo la calzada.



Bajo del cortado y me dispongo a caminar. Agua, gorra y calzado cómodo, a ver qué me depara la ruta. El encintado no deja lugar a dudas sobre el camino a tomar.


El estado del firme mejora por ahora e incluso se podría continuar con el coche. Ya era consciente de ello, por una visita realizada años antes pero que no tuvo el afán de exploración y documentación que sí ha tenido en esta ocasión y que aconseja hacerlo a pie para no perder detalle.



A ratos, la autovía se deja ver, con su incesante trasiego de vehículos de todo tipo.


También las gravas del firme primitivo se muestran ante nuestros ojos en aquellos lugares en los que el riego asfaltico ha sucumbido al paso del tiempo.


Por ahora, las curvas no son de gran envergadura.


En cualquier caso, la vegetación va ganando terreno de manera inexorable, como apreciamos en esta primera curva más cerrada.




Existen pedazos con el asfalto en muy buen estado, ¿quizá se renovó o reutilizó este trazado de manera temporal durante las obras de la autovía?




Se siguen sucediendo las curvas, por ahora más o menos suaves.


Desde este punto se aprecia una de las pocas obras de fábrica de este tramo, un drenaje de aguas.




Tras esta última curva a derechas alcanzamos una pequeña recta en la que se ha aprovechado para depositar material extraído posiblemente de las obras de la autovía.


A mitad de recta, la obra de drenaje recién comentada.


Continuamos y tomamos varias curvas enlazadas y de poca dificultad.


Como es habitual en este tipo de vías, el grado de inclinación del peralte es notorio.





Otro pequeño trozo de bordillo, histórico vestigio de cómo eran las carreteras (principales) a mediados del siglo pasado, y que poco tienen que ver con las modernas vías de alta capacidad.


A lo lejos aparece otra montonera de escombro depositado sobre la vía.



De nuevo, restos de fresado de algún tramo de carretera. Las curvas de autovía que antecedieron a las que vemos en la parte derecha de la imagen superior fueron rectificadas y borradas del mapa hace poco más de una década, tal y como mandan los cánones actuales. Quizá este material provenga de allí. Incluso se conservan restos de pintura.


Nuevamente, una larga fila de bordillo, es el anuncio de que vamos llegando al final de esta vertiente oeste del puerto.



En adelante, aparece un camino que se desgaja de la carretera por su izquierda, mientras que en esta la vegetación se adueña totalmente de la plataforma.


Hemos llegado al final del tramo transitado y transitable de la vertiente oeste. Trataremos de avanzar un poco más, aunque la cosa se complica, más de lo que parece en las fotografías.



Entre matorrales y aliantos la carretera desaparece. Lo justo da para adivinar el inicio de la curva a derechas de la primera horquilla, que en Google Maps parece estar más despejada de lo que estaba el día de la visita. Aún vemos asfalto, aunque será cuestión de pocos años que quede totalmente cubierto.


Nada que ver esta cerrada horquilla con la amplia curva que describe la autovía. Aquí no hay más que ver, media vuelta y a volver sobre nuestros pasos.



Tras alcanzar nuevamente el cortado del alto del puerto de Morata, arrancamos y ponemos rumbo a la vertiente del lado este.


VERTIENTE ESTE, LADO BARCELONA

Para acceder al tramo del lado este nos veremos obligados a dar un rodeo. De nuevo en la autovía A-2, pasaremos de largo la ya clausurada salida 260 y tomaremos la 261 para abandonarla e incorporarnos a la carretera local A-2302, antigua Z-330 (carretera de la N-II a Morata de Jalón), tal y como atestigua el único hito Peña que encontraremos a pie de vía. La N-II se encuentra profundamente afectada en este área por las obras del embalse de Mularroya, pero de eso trataremos al final del reportaje. No obstante, y para ir iniciándonos en la profunda transformación que ha experimentado y que aún experimentará este paraje, adjunto imagen explicativa.


Durante la primera visita realizada a este lugar aún pude tomar la salida 260, que conservaba añejísimas señales de tráfico y paneles realizados con lamas recicladas (ver anexo al final del reportaje). Durante la documentación de este lugar para el blog ya no era posible, por lo que tomé la siguiente salida, la actual 261, en la que aún resiste el ya comentado hito Peña de la Z-330.


La conexión entre la Z-330, en fase de renovación, y el tramo de N-II al que se accedía nada más abandonar la autovía A-2 por la extinta salida 260 es hoy un tramo de nueva factura en el que las dos insulsas rotondas que distribuyen el tráfico también darán paso en un futuro al viaducto sobre el embalse de Mularroya y la nueva variante de la N-2. Nada hay de interesante en él, por lo que accedemos directamente al tramo abandonado e histórico que pretendemos visitar. El bordillo también nos acompañará por aquí.


Los primeros centenares de metros son casi rectilíneos.



Nuevamente, la pintura amarilla.


Llega un punto en el que toca dejar el coche aparcado y continuar a pie, pues la vegetación amenaza con dejar su huella en la carrocería.


Una vez que sobrepasamos el "cruce" con el camino que se dirige a las fincas aledañas, el abandono se torna mucho más evidente que en la otra vertiente.



A este lado de la A-2 encontramos menos curvas pero de radio mucho más cerrado. Es el caso de esta primera curva a derechas.


También la frondosidad de la vegetación es notablemente superior.




Curva a izquierdas y de nuevo el marcado peralte.




El asfalto se encuentra muy maltratado por el paso del tiempo y el "acoso" de la vegetación, que complica el paso incluso a pie.


Nos enfrentamos ya a la última horquilla del trazado de la vertiente este.



Una vez que enfilamos esta última recta se vislumbra el final de nuestro recorrido.




Estamos justo junto a la autovía.


Al igual que al final del recorrido por el lado oeste, nace un camino de tierra desde la propia calzada y en dirección a las tierras de labranza cercanas. Media vuelta y a por el coche, el recorrido a pie toca a su fin.


Para quien desee conocer algo más sobre este puerto que hemos recorrido, y desde un punto de vista más técnico, recomiendo echar un vistazo al reportaje de Jacobo en "Carreteras en el tiempo": ENLACE

ANEXO: EL TRAMO DE MULARROYA

Es hora de volver a la civilización, pero no podemos irnos sin visitar el recién abandonado tramo de N-II que tuvo como último uso servir de enlace entre la clausurada salida 260 de la A-2 y el cruce con la Z-330, hoy desaparecido. Es este un tramo de características análogas a la de cualquier carretera moderna, con anchura notable y carril de vehículos lentos (sí, ese que todos debemos utilizar cuando se encuentre libre, tal y como indica la norma de circulación...).


¿Recordáis la segunda parte del reportaje triple del puerto de Fraga? Viene a ser algo muy parecido, carretera de gran anchura que queda abandonada.


Se trata del tramo que figura en el recuadro de la izquierda en la siguiente imagen:


Se pueden tomar imágenes con total tranquilidad, pues a excepción de vehículos agrícolas, nadie circula ya por aquí.



No es tanto el tiempo de abandono acumulado, pero comienza a hacerse notar.




Llegamos hasta una de las nuevas rotondas.


Pese a haber sido enterrados algunos metros de la vía, aún quedan marcas de su existencia.


En las dos siguientes imágenes, unas decenas de metros en las que si bien aún no se ha destruido la calzada, el acceso está cortado por ambos lados y es dificultoso incluso a pie.



Octubre de 2015

Trasladémonos en el tiempo hasta 2015 para echar un vistazo a esas señales hechas con lamas recicladas de otros paneles, que hemos mencionado anteriormente y que se encontraban (¿seguirán aún?) en el tramo inaccesible. 

Apenas se aprecia el texto "Pendiente prolongada, controle su velocidad".
Fuente propia.

"Atención, camiones".
Fuente propia.

Croquis en el enlace entre la N-II y la Z-330.
Fuente propia.

Según vemos en esta última imagen, por aquel entonces las obras ya hacían imposible continuar en dirección a la capital del Ebro por la N-II, pero aún se podía acceder al tramo que se halla en lo que constituirá el vaso del nuevo embalse de Mularroya. Aún no se ha procedido a su llenado, por lo que la vía quizá aún permanezca ahí, así como los restos del hotel Río Grío o la gasolinera Cepsa. Tiramos de nuevo de archivo para ver ese tramo, totalmente cercado ya por entonces por la maquinaria y señalización de obra.

La gasolinera a mano derecha, en sentido Madrid.
Fuente propia.

Fuente propia.

Restos de unas instalaciones de ocio del Ministerio de Agricultura. Google Maps aún muestra varias construcciones y dos piscinas.
Fuente propia.

Final del camino. Al fondo, la torre de tomas del embalse.
Fuente propia.

Llega el momento de abandonar este lugar, con la vista puesta en el futuro que nos muestra la última fotografía. El nuevo y triunfante viaducto de la N-2 espera su puesta en uso, una vez abierto el tráfico discurrirá ajeno a las aguas de Mularroya.