20 octubre 2021

El puente sumergido de Manzanal del Barco

No tenía intención de volver al embalse del Esla durante las vacaciones estivales, pues ya lo había visitado en junio con el fin de conocer lo que perdura del poblado que acogió a los obreros y técnicos de la presa, cuyas viviendas más destacadas quedaron en pie para acoger a los trabajadores encargados de la posterior explotación de la nueva infraestructura. Era este uno de los pocos lugares que me queda ya por ver en una comarca recorrida con frecuencia durante los últimos años, pero al conocer la noticia del brutal vaciado llevado a cabo por Iberdrola no dudé en organizar una nueva visita.

Hace un tiempo publiqué un reportaje sobre los puentes de Manzanal del Barco, en el que mostraba el estado actual de los dos viaductos que se pueden ver y recorrer de manera habitual, el moderno y actualmente en uso para la carretera ZA-P-1405, y el que ha sido sustituido por sus deficiencias estructurales y estrechez. Desgraciadamente, el reportaje se quedaba cojo al faltar el tercero en discordia, por entonces bajo varios metros de agua. No contaba con que fuese a coincidir una de mis visitas habituales a tierras zamoranas con una bajada de nivel suficiente como para que emergiese el viejo "puente chiquito", hasta que pocos días antes de desplazarme a la zona conocí a través de la televisión lo que estaba aconteciendo en Ricobayo por motivos meramente económicos y especulativos.


Me gusta la obra civil en general, pero dentro de ese ámbito me fascinan los embalses y obras hidráulicas, a niveles cercanos al de la historia caminera que suele ser objeto de este blog y las redes sociales que lo complementan. La magnitud de estas infraestructuras, el halo añejo de sus construcciones y poblados, la espectacular brutalidad del agua surgiendo por los aliviaderos en época de avenidas, los parajes naturales circundantes y sobre todo, lo que aparece en el vaso de un embalse al retirarse las aguas, componen un cóctel de lo más atrayente. Pese a este interés, reconozco que más allá de conocer la parte elemental del funcionamiento de una central hidroeléctrica o los diferentes tipos de paramentos levantados para retener la masa de agua, desconozco mucho sobre los aspectos más técnicos de estas megaconstrucciones. Aún así, hay algo que no se escapa a nadie, experto o profano, y es que la última maniobra de la eléctrica, consistente en vaciar y turbinar el gran volumen de agua que aún se acumulaba aquí en junio, a lo largo de los 5 saltos instalados aguas abajo de Ricobayo, ha provocado una desertización forzada del paisaje en todo el área de afección del embalse, dando lugar a un aspecto desolador y pérdidas económicas cuantiosas para los negocios locales, que ven como el turismo estival ha dejado a esta comarca zamorana a un lado, al perderse las posibilidades de baño, pesca o actividades náuticas hasta como mínimo el próximo invierno. Las consecuencias no son sólo las que muestran las fotografías que componen este reportaje o tantos otros como los aparecidos desde hace semanas en páginas de noticias nacionales o locales como iLeon, foros, blogs, o redes sociales como Zamora Natural. Las consecuencias sociales van mucho más allá, y reflejan el desprecio, ninguneo y expolio de esta tierra, una provincia de las que componen la denominada "España vacía" y con la que tanto se le llena la boca a los políticos de todo el arco parlamentario pero que pronto olvidan en cuanto abandonan el lugar. Por otra parte, los embalses generan una importante afección al paisaje y al entorno natural, eso está claro, pero una vez que están construidos y "encajados" en el tejido económico, medioambiental y social de las localidades y vecinos cercanos, no están para secarlos y jugar así con ellos, maniobra que por mucho que esté recogida en las condiciones de explotación, raya el insulto cuando día tras día el precio de la luz pulveriza un récord tras otro.


Solo veo una parte positiva a este hecho, la ocasion de documentar lo que habitualmente está bajo las aguas y ni en otoño emerge, como ocurre con este pequeño puente que va a protagonizar el reportaje. El conocido como "puente chiquito", financiado por los ayuntamientos cercanos, se finalizó e inauguró en 1929, sustituyendo así al paso de barca que hasta entonces había dado servicio como conexión entre ambas riberas del Esla. No era este el único paso de barca de la comarca, algunos, como el de la cercana Villaflor, surgieron a consecuencia de la inundación del embalse y aguantaron hasta un ya no tan lejano 1998.

Inauguración del puente "chiquito". Fuente: www.elferial49.blogspot.com

Su vida fue efímera, pues la construcción de la presa de Ricobayo, aguas abajo del río Esla, provocó la inundación de este lugar. En sustitución suya, la sociedad de los Saltos del Duero (posterior Iberduero y actual Iberdrola) levantó en 1933 el viaducto que conocimos y por el que paseamos en la visita documentada en el reportaje original, que está enlazado al comienzo. Por cierto que, no son estos los únicos puentes sobre el Duero o Esla visitados en esta zona de Zamora, fronteriza con tierras portuguesas. Los lectores más antiguos del blog quizá recuerden el majestuoso puente de Requejo.

Nos trasladamos al verano de 2021. Estamos a 14 de agosto, una ola de calor excepcional barre con viento abrasador la práctica mayoría de la península ibérica, lo cual no es óbice para poner rumbo a Manzanal del Barco. De camino atravesamos un brazo del embalse en el cual son aún más patentes los estragos ocasionados por el vaciado, como ocurre en este paraje cercano a San Cebrián de Castro.



No es el único, el brazo que es atravesado por el camino de Las Mayadas, cerca del propio Manzanal del Barco, ha corrido la misma suerte y muestra con crudeza el fondo seco del embalse.



El rechazo a la maniobra de la hidroeléctrica es palpable en los pueblos ribereños.


VISITANDO EL PUENTE "CHIQUITO"

Aparcamos en el tramo de acceso al viaducto de 1933 y comenzamos a caminar por lo que fue la carretera que se dirigía al puente original. Apenas quedan restos del terraplén sobre el que se asentó el antiguo vial. A nuestro alrededor, el desierto artificial se muestra ya en toda su plenitud.


Mirando al frente, no se puede obviar la presencia de los dos viaductos.



Las dos estilizadas infraestructuras son dignas de visitar, pero como las ganas de pisar el puente viejo pesan sobremanera, esa será la primera parada.


Empezamos por su característico acceso oeste, que traza una cerrada curva aún delimitada por las protecciones.


Es curioso, los malecones de la curva y de la entrada al puente sobreviven impertérritos en su lugar, mientras que los vallados del tablero han desaparecido en su totalidad.








El puente chiquito se ve diminuto en comparación con las monolíticas pilas de su sucesor.


Esta concretamente, tapona el acceso oeste y se apoya en parte en la roca granítica natural.





A simple vista, y con el agua tapando la casi totalidad de sus arcos, parece que este puente no es muy alto, casi un badén. Si lo comparamos con la siguiente fotografía, de época y previa a la inundación, veremos que realmente aún quedan varios metros de agua por debajo.

Fuente: Desconocida, extraída de la red.

Avanzamos por la vieja estructura abandonada. Qué sensación tan especial la de poder pasear por estas piedras, normalmente sumergidas durante años. A saber, igual ahora Iberdrola le coge el gustillo y repite estrategia todos los veranos.



Nos acompaña la omnipresente figura de los viaductos aledaños.



Alcanzamos la pancarta de denuncia que hemos visto en la fotografía que abre este reportaje. Han pasado casi dos meses y si bien el nivel del agua aún no ha comenzado a subir... ¿seguirá ahí?


La reaparición del puente ha creado un lugar de lo más interesante para la pesca, actividad habitual en este embalse del Esla. Siempre que haya agua, obviamente.


Detalles constructivos del viaducto de 1933. Esas vigas... ¿quizá como apoyo para la cimbra?


Uno de los apartaderos del viaducto visto desde la base.


Final del puente chiquito en el lado este, donde termina abruptamente. 



La zapata del viaducto actual queda a unos pasos, merece la pena acercarse para observar cómo la erosión está provocando su descalce. Cierto es, tal y como aclaró en su momento el compañero de Metidos en Carretera, que estas zapatas hunden sus cimientos en el suelo a través de grandes pilotes. Aun así, quizá merezca intervención, y qué mejor momento que este para hacerlo, antes de que las lluvias del otoño-invierno devuelvan este lugar a su situación deseable y natural.




Buenas vistas desde este punto.



Volvemos al punto de partida. La visita no ha terminado, pues no podemos desaprovechar la opción de caminar de nuevo por el viaducto de 1933 y sobrecogernos con las vistas al puente viejo y al embalse a estos niveles tan bajos.


Para llegar hasta él toca escalar por terreno pedregoso, afortunadamente los sedimentos del embalse están secos y pisamos sobre arena en vez de sobre el habitual y pegajoso lodo característico de condiciones húmedas.


De camino, paramos en la otra pila accesible del viaducto de 2007. Al igual que en su gemelo, la erosión también está provocando su descalce, así como el desprendimiento de su revestimiento en la parte inferior de la zapata.



Desde aquí también podemos comparar el puente primitivo y su sucesor. Reconozco mi devoción por el viaducto de 1933 y me maravillo ante lo que debió ser un reto constructivo para la época, que afortunadamente permanece en pie tantos años después.


Alcanzamos ya el estribo del viaducto en su lado oeste, que se encuentra vallado y cerrado para el tráfico rodado.


La altura impresiona hasta a los más valientes u osados, máxime cuando tenemos como todo elemento de protección...


...estas finas vallas de tubo.


Lo atravesamos rápidamente, esto ya nos es conocido.


La siguiente pintada es anterior a la situación que se ha dado este verano, y quizá debido a lo que ocurrió con el viaducto de 1933. Todo gestor de un embalse tiene la obligación de restituir carreteras y otras infraestructuras destinadas a quedar anegadas. No solo debe restituirlas, también debe contribuir a su mantenimiento, habida cuenta del beneficio que obtiene con la inundación permanente de los terrenos. Pues esto que sobre el papel tan claro queda, parece que no fue lo ocurrido con este viaducto, que en 2017 tuvo que ser cerrado permanentemente al tráfico rodado (por entonces ya solo agrícola) debido a su falta de mantenimiento, precaria seguridad y problemas estructurales. Menos mal que para entonces ya estaba en servicio desde hacía una década su flamante sustituto, un estilizado viaducto construido por la Diputación de Zamora.


Es a ese viaducto moderno al que vamos a acceder ahora. No lo recorrí en la visita anterior, así que es el momento de hacerlo.


El puente chiquito, visto desde aquí, hace honor a su sobrenombre.


No se puede negar la esbeltez del viejo viaducto. Casi 90 años... quizá merezca una restauración y un uso sosegado, por ejemplo como vía verde.



Tirando de vista panorámica podemos capturar el imponente arco central del viaducto.


Algo pone o aparece ahí, pero no lo puedo leer, ni siquiera fotografiándolo con el zoom.



La sensación de vértigo es considerable, pero merece mucho la pena.


El estribo del lado oeste del viaducto de 1933 y sus refuerzos metálicos vistos desde las alturas.



Al finalizar el paseo en el lado oeste, una placa vandalizada recuerda la fecha de la inauguración del viaducto moderno, lástima que no haya nada parecido sobre su antecesor.


Termina aquí este repaso fotográfico a los tres puentes. Es un espectáculo poder caminar sobre las viejas piedras del puente terminado en 1929, pues no se sabe cuando volverá a darse esta posibilidad. Habrá para quien lo ocurrido este verano haya pasado totalmente desapercibido, pero me consta que para los vecinos cercanos al embalse ha sido dramático. Ya he incidido al inicio del reportaje en la afección resultante de un vaciado tan brutal, y si bien no es la temática de este blog entrar en debates ajenos a los viarios, no se puede uno abstraer de las circunstancias que han motivado la aparición de este puente que, tenía ganas de visitar, pero no así. Creo que la fotografía que cierra este reportaje es lo suficientemente gráfica de lo que ahora queda en Ricobayo, embalse casi centenario, pionero del sistema de Saltos del Duero, origen de la actual Iberdrola, encajado en una comarca despoblada de una provincia también despoblada, que me toca directamente al tener allí parte de mis raíces, y que no merece verse en esta situación.