02 diciembre 2022

La calzada de El Almiñé

Dejemos por esta vez el asfalto y los medios de transporte contemporáneos a un lado y sumerjámonos en la historia caminera con mayúsculas. Viajamos a varios siglos atrás para recorrer parte del Camino Real que unía el litoral con la meseta norte, y que recibe el nombre de "Cuesta de la Hoz". Nos hallamos en tierras burgalesas, a pie de la N-232, una de las mejores rutas turísticas del país dada su diversidad de paisajes y atractivos naturales y culturales. En uno de esos lugares, junto al maravilloso entorno del Cañón del Ebro, la calzada de El Almiñé nos espera.


La calzada abarca poco más de dos kilómetros de longitud y un desnivel de 350 metros para comunicar el valle de Valdivielso con el páramo y el santuario de Nuestra Señora de La Hoz, situado en lo alto. Tal y como nos indican los paneles informativos, junto a dicho santuario se encontraba en tiempos la "Casa de las Lanas", donde los trajineros de la Cabaña Real de Carreteros descargaban y almacenaban fardos de lana y otros productos. Desde ahí, los carreteros de Las Merindades, conocedores de los peligros de la cuesta y su acusada pendiente, eran los encargados de realizar el trayecto de descenso hasta Bercedo, desde donde se organizaría el traslado de las mercancías hasta los puertos de mar.

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El Camino Real decayó a partir de la apertura de la vía a través de Orduña en el siglo XVIII, pero su "defunción" oficial no llegó hasta 1828, cuando Fernando VII ordenó construir la carretera que a día de hoy conecta Burgos y Villarcayo a través del puerto de la Mazorra. Su apertura en 1831 conllevó el abandono de la calzada que protagoniza este reportaje.


A nivel técnico, la calzada dispone de un bordillo a ambos lados de la vía, así como otro pequeño encintado justo en el centro, como si delimitase los sentidos de circulación. Además existen otros pequeños encintados de tipo transversal, dispuestos a pocos metros entre sí y que acompañan a la vía durante todo el trayecto. Es interesante descubrir cómo se pensó en la evacuación del agua, pues hacia las zonas altas de la vía se aprecian de forma clara unos canales transversales diseñados para desaguar las lluvias, algo que en esta región, de elevada pluviosidad, se torna imprescindible.


La calzada parece ser uno de los atractivos turísticos de la Merindad de Valdivielso, como atestiguan los numerosos paneles informativos instalados junto a la misma y que dan fe de otros lugares de interés de la comarca. Por nuestra parte, dejamos nuestro moderno medio de transporte estacionado en la plaza del pueblo, nos calzamos unas cómodas botas de trekking y echamos a andar en dirección suroeste. El punto de partida es la iglesia de El Almiñé, de estilo románico y dedicada a San Nicolás. 




Frente a la iglesia, un elemento típico de nuestros pueblos, el lavadero. Antaño imprescindible infraestructura, que ante el avance de los tiempo quedó en desuso y ha llegado a desaparecer en muchos lugares. Aquí, afortunadamente, aún se mantiene.


A su lado, la fuente de 1915, que quizá tuvo una antecesora que sirviese para aliviar la sed de los viajeros que por esta vía se desplazaron.


Cuántas veces hemos visto vías urbanas denominadas como "Carretera de...", pues aquí es el Camino Real el que da nombre a la calle principal de la localidad.


El caserío de El Almiñé se distribuye a lo largo de dicho camino. Existen varias construcciones de notable envergadura y antiguo señorío, datadas entre los siglos XVI y XVIII. Aún así, esto no exime a El Almiñé de los estragos de la despoblación, que aquí también atiza como en la gran mayoría de pueblos de España.


Abandonamos el casco urbano por el Camino Real, que suponemos estará debajo de la capa de asfalto.



Una pequeña agrupación de casas, algunas mejor...


...otras peor.


Tras la última vivienda, el firme cambia totalmente y el asfalto deja paso a la piedra.


Da comienzo la vieja calzada de El Almiñé.



Por delante, dos kilómetros de naturaleza e historia caminera. Ha salido un día fantástico pese a estar en pleno mes de agosto. Una pequeña isla de tregua en el mar de calor que nos ha asfixiado este verano de 2022.



La calzada denota la falta de mantenimiento y reparación, pues hace mucho que esta vía dejó atrás la relevancia que tuvo. Supongo que las pendientes no ayudaban en absoluto a los esforzados carreteros dada la notable pendiente de alguno de sus tramos, por lo que es lógico que se abandonase en favor de trazados más benévolos. Aún así, sus características constructivas son aún bien visibles, como el bordillo antes mencionado y que acompaña y delimita la plataforma de la calzada.


No todo está en buen estado. El paso del tiempo no perdona y son numerosos los puntos en los que se ha perdido el pedregoso afirmado de la misma.


Obviamente, la calzada NO es romana. La conjunción negativa es rotunda, sin paliativos. Ya es hora de desterrar en este país la idea de que todo lo que es de piedra es romano. Es frecuente encontrar en Google Maps geolocalizaciones de puentes, calzadas y demás, de origen "romano", cuando puede ser del siglo pasado. El caso más notorio y ya denunciado aquí es el de la "calzada romana" del puerto del Pico, en plena sierra de Gredos, y que si bien es un lugar de imprescindible visita por el entorno natural en el que se halla, de grandísima belleza, no es en absoluto romano. A esto no ayuda la Administración, que señaliza esta vía como tal, sin molestarse siquiera en contrastar la información. A nada que uno conozca las características habituales de las calzadas romanas, se dará cuenta pronto de que estas calzadas de origen medieval e incluso posterior no cumplen el estándar romano ni de lejos. Para más información, este magnífico documental de todo un experto en la materia.


Continuamos caminando, a la vez que se van sucediendo los tramos en mejor y peor estado.






Durante un centenar de metros, el espacio se amplía y aparecen las ruinas de la "Tenada Vieja", construcción cuyo uso quizá fue el de corral o establo.



Aquí la calzada se desdibuja notablemente hasta llegar casi a desaparecer. Quizá las labores agroganaderas asociadas a esta instalación hayan terminado de deshacer su ajada estructura.



Poco más adelante, la calzada recupera su configuración inicial




Estamos cada vez más cerca del alto, la calzada también se eleva sobre el suelo natural para discurrir en adelante en terraplén durante lo que resta del ascenso.



Ojo con la "cerrada curva" a derecha...


Tuvo que dar auténtico pavor bajar por aquí con cualquier artilugio provisto de ruedas.



El estado del firme es algo mejor que en las zonas bajas. Parece mantener casi íntegramente su configuración inicial, o al menos la de la última reparación efectuada.



Siendo aún un profano en estas lides, la calzada parece gozar de una buena calidad de construcción. Se mantiene en pie casi sin derrumbes o socavones.



Aunque ese buen estado, como en todo, va por barrios. Algo más adelante vuelve a presentar daños de cierta entidad.




El bordillo parece dividirse y dibujar un apartadero durante unos metros, desconozco el motivo.


La calzada, por su parte, toma algo más de altura respecto a la cota natural.



Quizá sea en este punto donde más se desmarca la vía respecto al terreno.




Según nos aproximamos al alto, comienzan a aparecer estas acanaladuras en la plataforma, mencionadas al inicio del reportaje y realizadas para evitar que las lluvias dañen o arrastren la estructura de la vía.






Es curiosa la diferencia entre unos puntos y otros. En la foto superior, estado razonable de la calzada, en la inferior, apenas cuatro piedras sueltas. 



Algo más adelante reaparece la calzada, aunque solo para dejar a a la luz el bordillo.






No han sido más que dos kilómetros recorridos, pero se aprecia el cambio en la frondosidad de la vegetación entre el punto de partida y este final en altura.



La calzada encuentra aquí buena cimentación, asentada sobre la roca.


De nuevo, otro canal de desagüe.



Alcanzamos el páramo, y con él el final del camino, al menos del adecuado como tal. El panel es idéntico al que hemos visto al inicio de la calzada, justo al finalizar la zona urbana de El Almiñé. Parte desde aquí el ramal que se dirige a la ermita de la Virgen de la Hoz.



Abandonamos durante unos instantes la calzada para admirar el que quizá sea uno de los puntos más bellos de nuestro viaje, este largo y bien conservado tramo en terraplén.


En algunos puntos la altura del muro sobrepasa notablemente el metro y medio.



Al fondo, el puerto de la Mazorra, actual carretera autonómica CL-629.


Ponemos rumbo al punto final del viaje, la ermita nos espera.




Su silueta se alza incólume en el páramo burgalés.




La rodeamos para apreciar sus detalles constructivos.


Encontramos algunas curiosidades, como esta lápida encastrada en la pared.


O este "camarín"·, refugio del esforzado caminante.



Anexo a la portada de la ermita y aún en uso, un corral para ganado.


Sobriedad castellana en el pórtico de la iglesia.


También en la espadaña. Sorprende el contraste entre el volumen de la ermita y su austeridad.




Nos alejamos del recinto sagrado para acercarnos a echar un ojo a este cartel, que resulta ser idéntico al que hemos podido leer al iniciar la ruta en El Almiñé.


Frente a él, el camino que nos trasladaría hasta la CL-629, que por un lado se dirige a Burgos y por el otro a Villarcayo. La apertura de esta carretera fue la que acabó con la vieja calzada.


Dejamos ya la ermita atrás, es hora de volver sobre nuestros pasos.



Retomamos el camino en sentido contrario y con la vista puesta en la carretera que se perfila entre la masa boscosa de la montaña situada a lo lejos.



Finalizamos el descenso de vuelta hasta El Almiñé, con la satisfacción de haber podido recorrer esta vía histórica, de uso senderista hoy y a la que ya le tenía ganas tras llevar tiempo apuntada en la lista de rutas a realizar. Su adecuación y señalización como camino natural asegura en un principio su conservación. Arrancamos y ponemos rumbo a esas curvas lejanas que hemos visto desde el páramo.


Desde lo alto del puerto de la Mazorra, este hito de arista de una muy posterior Instrucción de 1939 se erige vencedor en la disputa entre la vieja calzada y la moderna carretera que la sustituyó. 


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