07 julio 2018

Las cuestas de Contreras

Traslado a este blog el álbum dedicado en su momento en la página Carreteras Radiales de Facebook a las ya famosas Cuestas de Contreras, y que se han convertido con el paso del tiempo en una especie de lugar de peregrinación para los aficionados a las carreteras con solera. No es de extrañar, dada la antigüedad del entorno, cuyo trazado, asfalto o señalización quedó prácticamente paralizado en el tiempo desde que un 22 de diciembre de 1969 se inaugurase el nuevo trazado por lo alto de la presa. Así lo describí en su momento:

"El tramo abandonado de las inmediaciones del Embalse de Contreras, en el límite provincial entre las provincias de Cuenca y Madrid, merece un álbum aparte del propio dedicado a la N-III. Es una sensación inenarrable recorrer la parte valenciana (especialmente) de dicho tramo, gracias a la conjunción de varios factores como son el trazado muy anterior a programas CNFE o Redia, los peraltes de sus múltiples curvas, la señalización antigua, el asfalto descarnado y una soledad que hace que uno pueda retrotraerse en el tiempo hasta esos años en los que esta hoy estrecha y tortuosa carretera era la vía principal para alcanzar el mediterráneo desde la capital de la piel de toro. Sirva este álbum como mera aproximación para el aficionado a las carreteras antiguas, ya que si algo merece la pena es recorrer este tramo y sumergirse en la sensación de haberse trasladado décadas atrás. Personalmente, era mucho el tiempo que el modesto autor de esta página llevaba esperando conocerlo, y la realidad ha superado ampliamente las expectativas, ya que quizá se trate del tramo abandonado más original y mejor conservado del país. Ojalá algún día las instituciones reconozcan a las Cuestas de Contreras como patrimonio e historia digna de conservar y proteger."

Las siguientes fotografías fueron realizadas en septiembre de 2016, en una visita que pasó de ser prevista como una mera toma de contacto a toda una experiencia de casi dos horas y cientos de metros recorridos incluso a pie para tomar fotografías. No obstante, el tramo merece una segunda visita de igual o mayor duración, ya que se quedaron múltiples cosas por ver y documentar. Comenzamos pues con el viaje, los túneles de Contreras nos reciben por la N-III actual, vía de acceso al tramo abandonado que vamos a visitar.


La presa de Contreras, cuyas obras duraron desde 1950 hasta 1974, embalsa las aguas del río Cabriel y soporta en su cota de coronación la actual N-III, construida en el marco del Plan Redia.



Aguas abajo del embalse, el antiguo puente sobre el Cabriel y una parte de las Cuestas de Contreras.



Dejamos atrás la presa para dirigirnos al inicio del tramo desde el extremo situado en la provincia de Cuenca y que está señalizado como acceso al Parque Natural de las Hoces del Cabriel. Estamos a 235 kilómetros de la Puerta del Sol madrileña.


Una de las primeras curvas, con el viaducto de la actual A-3 al fondo.


Abajo la Redia, por encima suyo serpentea el tramo antiguo.



Desde la lejanía, el hotel y restaurante abandonado que hemos visto anteriormente en el km. 235.


Nos podemos ir haciendo una idea de la dureza del trazado para los vehículos de hace más de medio siglo...


Al otro lado del Cabriel, la parte valenciana del trazado.


Abajo, el bello puente construido entre 1845 y 1851 por el ingeniero Lucio del Valle.




Venta de Contreras, hoy centro de turismo rural.




Atrás queda Cuenca...


...entramos en Valencia...


...como nos hace saber esta vieja señal de 1964.


Placa conmemorativa de la inauguración del puente, bajo el reinado de Isabel II.



Un pequeño "stop" para coger aire, que si lo recorrido hasta ahora nos ha gustado, lo que nos queda por ver no tiene desperdicio.



Asfalto...


...señales...



...hitos kilométricos tipo Peña...


...muros de refuerzo...


...vallas de contención de la Instrucción de Carreteras de 1939...


...curvas y peraltes...


...es un tramo alucinante.


Detalle de un poste de las vallas de contención, que desgraciadamente han visto desaparecer la malla metálica.


Las piedras de gran tamaño que "sustituyen" a la malla metálica pueden servir para proteger al conductor, pero afean el conjunto.






Precaución...


Nuestra ruta por Contreras es de ida y vuelta. A partir de esta fotografía el sentido es el contrario al llevado hasta ahora, en adelante circulamos desde la parte valenciana hacia la presa de Contreras, punto de origen del reportaje.


Más hitos...


...y construcciones abandonadas.


Estos postes aún mantienen la pintura de color rojo que caracteriza a las carreteras nacionales.



Curva y contracurva...








Por desgracia no se aprecia totalmente en la fotografía el acusado peralte de esta curva.









De vuelta nos detenemos en el poblado de Contreras, construido para los trabajadores del salto de agua.



Este bar difícilmente volverá a la actividad hostelera, es el triste precio a pagar por la mejora de las carreteras. 



Dejamos atrás definitivamente el antiguo trazado, con la satisfacción de haberlo conocido, y con el deseo de que se conserve inalterado muchos años más.


De vuelta a la N-III actual, la carretera tipo Redia discurre sobre la moderna A-3, mientras el escudo del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos preside orgulloso el cruce de caminos entre lo moderno y lo antiguo.



Aquí podeís visitar el álbum de Facebook de este reportaje.

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Actualización Abril 2020: Recientemente, gracias a la visita de compañeros de afición al lugar, he podido conocer con notable desagrado que la ya famosa señal indicadora de "Cuestas de Contreras" ha desaparecido del lugar en el que estaba desde los años 60. Semanas antes alguien se llevó el cajetín de N-III, ahora ha caído la señal completa. Ojalá fuese porque ha sido retirada por Conservación de Carreteras o por los guardas forestales del parque natural, y su destino sea un lugar como el museo de carreteras de Teruel, pero fráncamente, dudo mucho de esto. Seguramente, este haya sido el enésimo caso de expolio sufrido por algún elemento antiguo de carretera, expolio que ahora niega de manera egoísta a todos los aficionados a las carreteras históricas el hecho de poder fotografiar la señal o también, fotografiar su vehículo clásico junto a la señal, actividad en notable aumento hasta la fecha. Como el que aquí escribe no llegó a fotografiar la señal, dejo en este lugar la siguiente fotografía, cedida por Alberto Benítez, para que al menos disfrutemos de forma virtual lo que alguien disfruta en vacía y mísera soledad.


27 junio 2018

Un puente centenario

Una máxima que intento cumplir siempre en este blog es traer aquí esos lugares que he podido conocer, recorrer, fotografiar y sobretodo disfrutar, que en definitiva es de lo que se trata. Salvo en los casos en los que ha sido imposible, intento recurrir a fotografías que yo mismo he podido realizar, para poder después plasmar aquí las sensaciones vividas. Pese a tener parte de mis raíces en Castilla y a la afición a la geografía y cartografía, desconocía hasta hace unos años un entorno tan interesante y salvaje a la vez como los Arribes del Duero, así que en cuanto pude me puse rumbo a esa zona. A veces hacemos miles de kilómetros cuando no conocemos ni lo que tenemos a una hora de viaje.

El Parque Nacional de los Arribes del Duero, declarado como tal en Abril de 2002, comprende un área de más de 100.000 hectáreas de gran valor ecológico repartidas entre las provincias de Zamora y Salamanca, y tiene como columna vertebral al río Duero, el cual hace de límite fronterizo entre España y Portugal a la vez que articula el eje norte-sur del parque. Región fuertemente despoblada, este factor trasciende también a su red viaria, jalonada por multitud de pequeñas carreteras locales que unen los diferentes y pequeños núcleos de población así como las instalaciones del sistema de embalses del Duero y sus correspondientes saltos de agua.

Tuve la ocasión de escaparme a conocer este parque en el verano de 2016, no llegando a recorrerlo completamente dada su extensión y la difícil conexión entre las diferentes zonas a visitar. Aún queda pendiente para este año terminar de conocer totalmente sus rincones, y áreas tan interesantes para los amantes del ferrocarril como las vías que permanecen en el entorno de La Fregeneda y su estación abandonada. Aún así, y aprovechando un reciente viaje a Zamora, no pude resistirme a acercarme a Pino del Oro a conocer una joya de la ingeniería instalada muy cerca de allí, en medio de la nada (que me perdonen los locales, pero pocas zonas hay en este país con tan poca densidad geográfica, para fortuna de los que de vez en cuando buscamos la desconexión), desde hace 104 años.


La carretera desde la N-122 hasta allí promete. Estrecha, sinuosa, bacheada... me recordó a las que pude recorrer en los Arribes. Tras pasar Pino del Oro, las curvas se multiplican, mientras que empezamos a bajar en altitud. Los muretes de piedra hacen intuir los no pocos años transcurridos desde la construcción de esta carretera, o al menos desde su última adecuación.


Continúan las curvas y de repente, algo rompe la imponente estética de los cañones del Duero, algo brillante que destaca en la sombra proyectada por las rocas.


Continuamos el descenso y aparece ante nuestros ojos el objetivo de esta ruta. La figura esbelta y casi etérea del puente se deja ver por fin, apoyada en los dos flancos del cañón desde hace varias décadas. 






Vino a sustituir a la barca que cruzaba el Duero, pero su construcción tuvo no pocos problemas. Proyectado a finales del siglo XIX y con un costo final de 499.000 pesetas, no entró en funcionamiento hasta 1914, dadas las dificultades sufridas en su construcción. Agraciado con el mérito de ser el puente más alto de España en su momento, con 90 metros sobre el río, fue iniciado y terminado por la asturiana Duro Felguera, como quedó grabado en las farolas ubicadas en ambos accesos, y pese a haber vivido un vaivén de cambio de contratas. Estuvo en servicio durante muchos años, soportando el paso de toda clase de vehículos, desde la tracción animal hasta el tráfico pesado que con pesos de hasta 40 toneladas fue haciendo mella en él. En 2008 un informe de Fomento aconsejó la construcción de un puente nuevo, dada la corrosión y degradación del metal, llegando a un momento crítico en 2011, cuando el concurso para la restauración del puente quedó desierto por los temores de las constructoras a afrontar tal tarea. Finalmente, las reparaciones necesarias se llevaron a cabo y el 17 de septiembre de 2013 el puente veía reabierto su paso, tal y como recoge el diario "La Opinión de Zamora". Como dato curioso cabe destacar que se eliminaron cerca de 40 centímetros de firme, desde el macadán original hasta los sucesivos reasfaltados, siendo sustituidos ahora por 30 centímetros de hormigón ligero y que suponen un respiro para la centenaria estructura. 




Detalle de un guardarruedas, intercalado entre los muretes de contención.






No solo el puente, también los accesos tuvieron su trabajo, ya que dado lo escarpado de la zona fue necesario realizar una trinchera considerable en el lado sur del puente, que si bien no era nada nuevo para la época (los romanos ya las tallaban a pico para encajar sus calzadas en zonas de orografía complicada), hay que recordar que incluso hace tan solo un siglo debió de ser una tarea encomiable para los medios disponibles. Lo vemos en las siguientes fotografías.








Nos vamos despidiendo ya del puente, en dirección a Villadepera, no sin antes reparar en esta señal que advierte del peso máximo admitido por la centenaria estructura. 15 toneladas no están nada mal para su siglo largo de existencia...